Aquí en El Salvador, febrero es el mes de la amistad! Una palabra que nos viene a la mente cuando pensamos en la «amistad» es la gracia. Sin gracia, es muy difícil tener una verdadera amistad.

La gracia comenzó con Dios al mostrarnos su amor por nosotros, mostrándonos realmente el propósito para el que nos creó para que no quedáramos atrapados por nuestros propios fracasos y auto flagelados.

La gracia es que no recibimos lo que merecemos y que recibimos lo que no merecemos… dos, tres, cuatro… cientos de oportunidades.

La gracia es el brazo eterno de Dios que nos rodea y nos ayuda a superar los peores días.

La gracia son los ojos de Dios que miran a su creación y ven lo mejor de nosotros, animándonos en los días buenos.

Y la gracia se derrama fuera de nosotros y en nuestras relaciones con los que nos rodean.

En La Casa, esperamos que…

La gracia vea más allá de los desordenados pedazos rotos, las conversaciones incómodas, las buenas intenciones que no terminaron tan bien, el arrepentimiento de las palabras duras habladas o las palabras amables dejadas sin decir, y todos los fracasos rotundos.

La gracia ve lo mejor de nosotros mismos y nos permite ver lo mejor de la otra persona, sacando lo mejor de ambos.

La gracia puede revivir esperanzas y sueños truncados, espíritus aplastados, relaciones arruinadas y vidas rotas.

La gracia nos anima a ver la luz al final del túnel.

La gracia es un amigo que nos ama, nos apoya, llama lo mejor de nosotros y nos ayuda a recordar los sueños de nuestro corazón cuando ya lo hemos olvidado.

La gracia es la salida del sol, el canto de los pájaros, la risa de los niños en nuestros hogares, la esperanza de restauración y millones de vistas majestuosas que nos recuerdan que Dios tiene el control.

La gracia nos lleva.

Y la gracia lleva nuestras amistades.